Reflexiones y descapotables

El otro día iba yo tan tranquila en el bus, pensando en mis cosas de persona que se debate entre morir de hambre o de sueño, y en esto que estaba, cuando vi un descapotable. Y, por motivos extraños de la vida que aún no consigo comprender, mi cabeza sólo pensó “podría robar ese coche tan tranquilamente”. Sí, tengo pensamientos cleptómanos. Bueno. “Cleptómanos”. No es como robar un calcetín en un chino. Total, que le estuve dando vueltas un rato, y llegué a la conclusión de que los descapotables que tienen una pseudo-tela-extrañicosa por capó no son seguros. O al menos a mí no me lo parece, claro. Porque me imagino yo que si fuera tan fácil robarlos la gente no los compraría. Vamos, no sé. Creo yo. El caso es que… entiendo que protejan de la lluvia. Por eso de que cubren y tal. Del frío voy a decir que también. La verdad es que no lo sé, mis millones imaginarios no me llegan para un descapotable. Pero, a ver. Que me pongo seria. Cuando una persona normal ve uno de esos… ¿no le viene a la cabeza un cuchillo, o algo, y ponerse a cortar la telita de las narices? Que igual no se puede y estoy aquí haciendo el imbécil. No sería novedad. Pero yo es que no lo entiendo. Vamos, que no. 

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